- Tres ejes separan a un filamento de otro: rigidez, temperatura (la de impresión y la de servicio) y dificultad.
- El estándar del mercado es el filamento de 1,75 mm de diámetro, en bobinas de 1 kg.
- Un error común es comprar cinco materiales exóticos antes de dominar dos básicos: casi todo lo imprimible en casa se resuelve con PLA y PETG.
- Todos los filamentos son higroscópicos en mayor o menor grado: una bobina mojada imprime peor que una barata bien guardada.
Cómo se clasifica el filamento (y por qué casi todo es de 1,75 mm)
Antes de memorizar siglas, conviene entender los tres ejes que separan a un filamento de otro:
- Rigidez: va desde materiales rígidos como el PLA hasta flexibles como el TPU, que se dobla como una goma. La rigidez define si la pieza aguanta carga o absorbe golpes.
- Temperatura: aquí hay dos caras. La temperatura de impresión (cuánto calor necesita el extrusor y la cama) y la temperatura de servicio (cuánto calor soporta la pieza terminada sin ablandarse). Suelen ir de la mano: lo que se imprime caliente, resiste caliente.
- Dificultad: algunos materiales perdonan casi cualquier error; otros exigen cama muy caliente, cerramiento y filamento perfectamente seco. Empezar por el más difícil es la receta clásica para frustrarse.
Sobre el formato físico hay poco debate: el estándar del mercado es el filamento de 1,75 mm de diámetro, en bobinas de 1 kg. Existe también el de 2,85 mm, usado por algunas máquinas concretas, pero la inmensa mayoría de impresoras FDM actuales —y casi toda la variedad de materiales y colores— gira en torno al 1,75 mm. Un hilo más fino se funde más rápido y de forma más uniforme, y eso facilita extrusores compactos y cambios de material más ágiles. Si tu impresora es reciente, es casi seguro que usa 1,75 mm; compruébalo igualmente antes de comprar.
Tabla maestra de filamentos
Esta tabla resume de un vistazo los materiales que verás en el resto de la guía. Las temperaturas son rangos de arranque, no valores exactos: cada marca ajusta su fórmula y la etiqueta de tu bobina manda sobre cualquier tabla, incluida esta. Si buscas la referencia rápida para tenerla al lado de la impresora, la tienes en la tabla de temperaturas de impresión 3D.
| Material | Extrusor | Cama | Dificultad | Usos ideales |
|---|---|---|---|---|
| PLA | 190–220 °C | 50–60 °C | Muy fácil | Iniciación, decoración, prototipos, figuras |
| PETG | 230–250 °C | 70–85 °C | Fácil–media | Piezas funcionales, exterior, contacto con humedad |
| ABS | 240–260 °C | 90–110 °C | Media–alta (mejor con cerramiento) | Piezas técnicas, resistencia al calor, posprocesado |
| ASA | ≈ 240–260 °C (similar al ABS) | ≈ 90–110 °C (similar al ABS) | Media–alta (mejor con cerramiento) | Exterior con sol directo, automoción, jardín |
| TPU | 220–240 °C | Baja u opcional | Media (imprimir lento) | Juntas, fundas, ruedas, piezas que absorben golpes |
| Nailon | 250–280 °C | Alta, cerramiento recomendado | Alta (muy higroscópico) | Engranajes, bisagras, piezas mecánicas exigentes |
PLA: el rey de la iniciación
El PLA (ácido poliláctico) es el filamento más vendido del mundo, y con razón. Se imprime a baja temperatura (extrusor a 190–220 °C, cama a 50–60 °C), apenas se contrae al enfriarse —así que casi nunca se despega ni se deforma—, no necesita cerramiento y huele poco. Además es de los más baratos: unos 15–25 USD (≈ 260–440 MXN) el kilo, según país y marca.
Es un material de origen vegetal (se produce a partir de recursos vegetales como el almidón de maíz o el azúcar de la caña), rígido y con acabado excelente. Para decoración, prototipos, figuras, organizadores y el 90 % de lo que imprime un principiante, es la elección correcta. Si estás dando tus primeros pasos en la impresión 3D, tu primera bobina debería ser de PLA, sin excepciones.
Que sea de origen vegetal no lo hace compostable en casa, y conviene decirlo claro porque es el malentendido más repetido del sector: el PLA solo se degrada en una planta de compostaje industrial, con temperatura y humedad controladas durante semanas; en una compostera doméstica se queda ahí, intacto, durante años. En casa, una pieza de PLA va a la basura común o, donde exista, a un reciclaje especializado. Lo tratamos entero en qué hacer con los restos de filamento y las piezas fallidas.
Sus límites también son claros: sufre con el calor y con el sol. Se ablanda a temperaturas relativamente bajas —las que alcanza un auto cerrado en verano o una pieza junto a una fuente de calor— y la radiación ultravioleta lo vuelve frágil y descolorido con el tiempo. Tampoco es el más resistente a impactos: es rígido, pero quebradizo.
Dato clave
Regla rápida: si la pieza vivirá dentro de casa y no soportará calor ni esfuerzo mecánico serio, el PLA es la respuesta. En cuanto salga al exterior o trabaje bajo carga o temperatura, toca cambiar de material.
PETG: el todoterreno
El PETG es pariente del plástico de las botellas de agua (PET), modificado con glicol para imprimirse mejor. Es el paso natural después del PLA: se imprime a 230–250 °C con cama a 70–85 °C, algo más exigente pero todavía al alcance de casi cualquier impresora moderna. Cuesta unos 18–28 USD (≈ 320–490 MXN) el kilo.
Lo que ofrece a cambio es muy valioso: más resistencia al calor y a los impactos que el PLA, un punto de flexibilidad que evita que las piezas se quiebren, buena resistencia química y a la humedad, y un comportamiento decente al sol. Por eso es el favorito para piezas funcionales: soportes que aguantan peso, piezas de exterior protegidas, recipientes, componentes de máquinas y repuestos.
Su defecto más famoso: es propenso a los hilos (stringing). El PETG fundido es pegajoso y tiende a dejar hebras finas entre las partes de la pieza. Y la otra cara de la misma moneda: se pega tan bien a la cama que a veces se pega demasiado. Cómo domar las dos manías —los hilos y el agarre— lo desarrollamos en cómo imprimir con PETG.
ABS y ASA: para piezas técnicas y exterior
El ABS es el plástico de los bloques de LEGO y de medio interior de tu auto: duro, tenaz y resistente al calor bastante por encima del PLA y el PETG. En impresión 3D es un material de perfil técnico: extrusor a 240–260 °C y cama a 90–110 °C, y aun así se contrae tanto al enfriarse que sin un cerramiento que mantenga el aire caliente las piezas grandes se agrietan o se despegan de la cama.
A eso se suma el olor: el ABS desprende un olor desagradable y emite compuestos y partículas ultrafinas al imprimirse, así que se recomienda máquina cerrada y habitación ventilada. Cuesta más o menos lo mismo que el PLA (unos 15–25 USD (≈ 260–440 MXN) el kilo), por lo que su precio no es el problema: lo es la dificultad. A cambio, admite un posprocesado único: se puede alisar con vapores de acetona hasta dejar la superficie como inyectada.
Ojo con un detalle práctico: no todas las impresoras de iniciación llegan cómodamente a cama de 90–110 °C ni vienen cerradas. Si planeas imprimir ABS a menudo, tenlo en cuenta al elegir máquina: en la guía sobre la impresora 3D cerrada comparamos las que vienen cerradas de fábrica con la opción de montarte un cerramiento.
El ASA es el pariente cercano del ABS formulado para vivir a la intemperie: se carga y se imprime de forma muy parecida, pero aguanta el sol sin degradarse. Es el material de las piezas de jardín, los soportes en fachada y los componentes de vehículos expuestos.
Cuánto aguanta de verdad, qué le exige a la máquina y cuándo no compensa lo tratamos entero en su guía: ASA: el filamento que aguanta el sol y la lluvia.
TPU: el filamento flexible
El TPU (poliuretano termoplástico) es el material que desconcierta la primera vez: la pieza sale de la impresora y se dobla, se estira y rebota. Es un filamento flexible y elástico, perfecto para todo lo que deba absorber golpes o adaptarse a otra forma: juntas, fundas de celular o de mandos, ruedas, amortiguadores, correas, pies antideslizantes y protectores de todo tipo.
Se imprime a 220–240 °C y no exige cama muy caliente, pero tiene una regla de oro: imprimir lento. Al ser blando, el hilo se comprime dentro del extrusor y, si la máquina va rápido, se atasca o extruye de forma irregular. Los extrusores de tracción directa (direct drive), que hoy montan la mayoría de impresoras modernas, lo manejan mucho mejor que los sistemas de tubo largo. Cómo configurarlo y por qué se atasca lo desarrollamos en cómo imprimir con TPU flexible.
Es también de los filamentos comunes más caros: unos 25–35 USD (≈ 440–610 MXN) el kilo. La buena noticia es que las piezas flexibles suelen ser pequeñas, así que una bobina dura mucho. Como el resto, odia la humedad: un TPU húmedo burbujea y pierde elasticidad en la pieza final.
Nailon y compuestos: carbono, madera y sedas
Fuera del cuarteto básico hay una segunda liga de materiales que resuelven problemas concretos:
- Nailon (poliamida): el campeón mecánico entre los filamentos accesibles. Resistente al desgaste, a la fatiga y con algo de flexibilidad, es ideal para engranajes, bisagras, casquillos y piezas que rozan o trabajan a diario. El precio a pagar: se imprime a 250–280 °C, agradece cama alta y cerramiento, y es muy higroscópico — absorbe humedad tan rápido que casi siempre hay que secarlo antes de usarlo. Es material para usuarios con experiencia. Lo desarrollamos en imprimir con nailon: qué exige y cuándo compensa.
- Policarbonato (PC): el más exigente de los filamentos accesibles. Aguanta temperatura y golpes por encima del nailon, y a cambio funde más caliente que cualquiera de esta lista y necesita un ambiente caliente y estable alrededor de la pieza durante toda la impresión: en máquina abierta y sin cerramiento no es un material realista. Cuándo compensa de verdad y qué le pide a la máquina está en imprimir con policarbonato.
- Compuestos con fibra de carbono: son bases de PETG, nailon u otros polímeros cargadas con fibra corta de carbono. Ganan rigidez y estabilidad dimensional y pierden peso relativo, con un acabado mate muy atractivo. A cambio, la fibra es abrasiva: desgasta las boquillas de latón, así que necesitarás una boquilla de acero endurecido. Tienen sentido en drones, soportes rígidos y piezas técnicas, no en decoración. Lo desglosamos en qué gana y qué pierde la pieza con fibra de carbono.
- Filamentos con madera: PLA mezclado con polvo de madera. El resultado se ve y se lija como madera, y queda precioso en lámparas y objetos decorativos. Imprime mejor con boquillas algo más grandes para evitar atascos. Lo que entregan de verdad, y lo que no, lo repasamos en filamentos con relleno de madera y metal.
- Sedas y acabados especiales (silk, mármol, brillo): variantes de PLA con aditivos estéticos. No mejoran nada mecánicamente —a veces incluso son más frágiles—, pero para jarrones, esculturas y regalos el efecto es espectacular.
¿Cuándo tienen sentido? Cuando el proyecto lo pide de verdad. Un error común es comprar cinco materiales exóticos antes de dominar dos básicos: casi todo lo imprimible en casa se resuelve con PLA y PETG.
Cómo almacenar el filamento: la humedad es su enemigo
Todos los filamentos son higroscópicos en mayor o menor grado: absorben humedad del aire, y una bobina mojada imprime peor que una barata bien guardada. Si ya sospechas que la tuya lo está, ahí tienes cómo reconocer el filamento húmedo y secarlo, con los síntomas, el diagnóstico y las temperaturas por material. Esta sección va de lo otro: cómo evitar llegar a ese punto.
- Cajas o bolsas herméticas con gel de sílice: guarda las bobinas que no estés usando en recipientes cerrados con bolsitas de sílice desecante. Las bolsitas cambian de color cuando se saturan y se regeneran en el horno a baja temperatura.
- Secador de filamento: una pequeña estufa que seca la bobina durante horas a temperatura controlada y permite imprimir directamente desde su interior. Es casi obligatorio para nailon y TPU, y muy recomendable para PETG.
- Sentido común climático: si vives en una zona húmeda o costera, trata el filamento como si fuera pan: expuesto al aire, se estropea. En climas muy secos, el PLA puede vivir fuera semanas sin drama.
Un truco honesto: antes de culpar a la impresora por una mala impresión, pregúntate cuánto tiempo lleva esa bobina abierta. Secar el filamento arregla más problemas que la mitad de los ajustes del laminador.
Qué filamento elegir según la pieza
Si dudas, esta guía rápida por casos de uso resuelve la mayoría de decisiones:
- Decoración, figuras y prototipos: PLA (o un silk si buscas efecto). Fácil, barato y con el mejor acabado.
- Soportes y piezas funcionales de interior: PETG. Aguanta peso, calor moderado y algún golpe.
- Piezas de exterior: PETG si hay sombra o exposición moderada; ASA si el sol pega de lleno todo el año.
- Piezas cerca de calor (auto, cocina, electrónica): PETG como mínimo; ABS o ASA si el calor es serio.
- Piezas flexibles (juntas, fundas, ruedas): TPU, impreso despacio.
- Piezas mecánicas de alto desgaste (engranajes, bisagras): nailon, o un compuesto con carbono si además necesitas rigidez.
- Primera bobina de tu vida: PLA. Siempre PLA.
Fíjate en que la batalla real del día a día se libra entre tres materiales: la analizamos cara a cara en PLA vs ABS vs PETG: ¿cuál elegir?. Y si te preocupa el gasto, tranquilidad: el material suele ser la parte pequeña del presupuesto, como verás en cuánto cuesta imprimir en 3D.
Preguntas frecuentes
¿Qué filamento usar para empezar?
PLA, sin dudarlo. Imprime a baja temperatura, casi no se deforma, no necesita cama muy caliente ni cerramiento y cuesta unos 15–25 USD (≈ 260–440 MXN) el kilo. Cuando el PLA se te quede corto en resistencia o temperatura, el salto natural es el PETG.
¿Por qué mi filamento hace hilos o burbujas?
Casi siempre es humedad: el filamento absorbe agua del ambiente y, al fundirse, esa agua se convierte en vapor que provoca burbujas, chasquidos e hilos. Sécalo con un secador de filamento y guárdalo con sílice. Si el filamento está seco y sigue haciendo hilos, ajusta la retracción y baja un poco la temperatura.
¿El PLA sirve para piezas al sol o en el auto?
No es buena idea. El PLA se ablanda con temperaturas que un auto cerrado al sol alcanza con facilidad, y la radiación ultravioleta lo degrada con el tiempo. Para exterior o interior de vehículos usa PETG y, si la exposición al sol es constante, ASA.
¿Cuánto dura un kilo de filamento?
Depende del tamaño y el relleno de tus piezas, pero como orientación un kilo da para decenas de piezas pequeñas o medianas: llaveros, soportes, organizadores o repuestos. Una pieza doméstica típica gasta entre 10 y 50 gramos, así que un kilo suele rendir semanas o meses de uso ocasional.