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Cómo hacer piezas impermeables en 3D: que no goteen

Imprimes un florero, le echas agua y a los diez minutos hay un cerco en la mesa. La pieza parecía maciza y aun así gotea. No es un fallo raro ni mala suerte: es exactamente cómo está construida una pieza FDM por dentro. Aquí va cómo cerrarla, primero desde el laminado y luego, si hace falta, con un sellado. Antes, una aclaración que evita confusiones: estanqueidad no es lo mismo que seguridad alimentaria. Que una pieza no gotee no la vuelve apta para beber o comer de ella; eso es otra decisión, la de si el material y el acabado son seguros para tu boca, y la tratamos aparte en impresión 3D apta para alimentos.

Actualizado: julio 2026 Lectura: 8 minutos Por el equipo de Ruta 3D

Por qué una pieza FDM gotea aunque parezca sólida

Una pieza FDM no es un bloque de plástico: es un montón de cordones apilados. La impresora deposita hilo sobre hilo y capa sobre capa, y esa forma de construir deja tres vías por donde el agua encuentra salida. Conviene verlas por separado, porque cada palanca de este artículo ataca una de ellas.

  • Los valles entre cordones. Entre un hilo y el de al lado queda una acanaladura. Si el material no la llena del todo, esa acanaladura es un pequeño canal que recorre la pieza.
  • Las líneas que no se sueldan del todo entre sí. Dos cordones vecinos se funden en uno solo únicamente si estaban bien calientes y se pisaron al depositarse. Cuando ese solapamiento es pobre, quedan pegados pero con una junta débil: un microcanal vertical que atraviesa la pared de dentro afuera.
  • El punto donde el techo cierra. Arriba, donde las últimas líneas del techo se encuentran, casi siempre queda un poro diminuto. No lo ves, pero por ahí exuda si la pieza rebosa o queda tumbada.

La clave es que el agua no necesita un agujero visible. Le basta con un camino continuo de un lado a otro de la pared, y lo recorre por capilaridad: asciende por canales tan finos que a simple vista la superficie parece cerrada. Por eso una pieza que resiste el primer minuto empieza a rezumar al rato, y a veces reaparece la humedad por un punto que ni está cerca del líquido.

Dato clave

Esa misma porosidad, mirada como refugio de restos de comida en vez de como fuga, es lo que decide si una pieza es higiénica para la cocina. Es el mismo hecho físico visto con otra lente, y lo tratamos en detalle en la porosidad entre capas de la guía de impresión apta para alimentos. Aquí solo nos importa una consecuencia: que no gotee.

Cierra la pared con más perímetros

La primera palanca es la más directa: engrosar la piel de la pieza. Un solo perímetro deja la estanqueidad a merced de una única línea de soldadura; si esa línea falla en un punto, ahí tienes la fuga. Al añadir perímetros imprimes varias paredes concéntricas, y lo importante no es solo que haya más plástico, sino que sus juntas dejan de coincidir: donde una línea deja un microcanal, la de al lado lo tapa por detrás. El agua tendría que encontrar un camino que atraviese todas a la vez, y eso es mucho más difícil.

No hay un número mágico de perímetros ni un ajuste único que valga para toda pieza: añade paredes hasta que deje de rezumar, y empieza por ahí antes que por cualquier truco más raro. Ayuda que las líneas se pisen con generosidad, porque un solapamiento amplio suelda mejor los cordones entre sí y cierra los valles; y ayuda imprimir con la boquilla lo bastante caliente para que el plástico se funda con el vecino en vez de solo apoyarse encima.

Lo que no ayuda es subir el relleno. El agua se detiene en las paredes, no en la rejilla interna: una vez cruza la pared exterior, da igual cuánto relleno haya dentro. El esfuerzo va en la piel de la pieza, y esa es justo la razón por la que, en impresión 3D, las paredes importan más que el relleno.

La costura es la puerta de entrada más fácil

En cada capa, el cabezal tiene que arrancar y terminar el perímetro en algún punto. Ese punto es la costura (en inglés, seam), y es el eslabón débil de la pared. Al arrancar suele sobrar un pelín de material y al terminar suele faltar; nada grave en una capa suelta, pero al apilarse capa sobre capa esos pequeños defectos se alinean y forman una línea vertical continua que recorre la pieza. Es, literalmente, un cierre de cremallera imperfecto por donde el agua encuentra el camino más corto hacia fuera.

La solución no es eliminar la costura, que no se puede, sino colocarla donde menos daño haga. Casi todos los laminadores te dejan elegir dónde cae: escóndela en una arista, en la parte de atrás o lejos de la zona que retiene líquido, y mantenla consistente. Cuidado con la opción de repartirla al azar por toda la superficie: queda menos visible, pero para estanqueidad es peor, porque en vez de un punto débil controlado siembras microdefectos por toda la pared. Para una pieza que va a contener agua, una costura escondida y alineada gana a una dispersa.

La orientación decide por dónde empuja el agua

Cómo tumbes o levantes la pieza en la cama cambia por dónde corren las juntas respecto al líquido. Las líneas de capa siempre van horizontales, así que en una pared vertical las juntas quedan apiladas una encima de otra y el agua que presiona hacia fuera tiene que cruzar junta tras junta. Orientar la pieza pensando en qué caras retienen el líquido —y evitando que las paredes críticas caigan sobre soportes, que dejan la superficie marcada y abierta— es una decisión gratis que se toma en el laminador.

La orientación manda además en la resistencia de la pieza y en su acabado, y eso da para su propia guía: cómo elegirla bien está en cómo orientar las piezas para que salgan más fuertes. Para lo nuestro basta con la idea de que la posición cambia el mapa de juntas que el agua tiene que atravesar.

El modo florero: una sola pared, sin costura

Aquí está la técnica que cambia el problema de raíz. En el modo florero —lo verás también como spiralize o spiral vase en tu laminador— la impresora deja de trabajar capa por capa y sube en espiral continua mientras dibuja el contorno de la pieza. En vez de cerrar cada vuelta y empezar la siguiente, el cabezal asciende sin parar, como un tornillo.

Eso tiene una consecuencia enorme para la estanqueidad: de las tres vías de fuga, elimina dos de golpe. No hay costura, porque nunca hay un arranque ni un fin de capa, y no hay juntas horizontales apiladas en la pared, porque la pared es un único trazo helicoidal ininterrumpido. Queda una piel mucho más continua, difícil de atravesar. Por eso el modo florero es la forma más limpia de imprimir piezas que retienen líquido.

Quizá ya te has cruzado con el modo florero pero en otro contexto: como prueba de calibración de flujo, imprimiendo un cubo hueco de una sola pared para medir su grosor con un calibre. Ese es un uso de diagnóstico. Aquí hablamos de otra cosa: usarlo como modo de impresión para fabricar la pieza final estanca.

Para qué sirve de verdad: floreros, macetas, vasos decorativos, pantallas de lámpara, cualquier recipiente hueco de una sola cámara. Y ahora la letra pequeña, porque el modo florero no es gratis:

  • Es una sola pared. Sale fina y por tanto poco resistente. Vale para decoración, no para una pieza que reciba golpes o cargue peso.
  • No admite relleno, tapas ni asas. Tampoco tabiques, dobles fondos ni geometría interior. El fondo sí es sólido —son las primeras capas normales— pero de ahí hacia arriba solo existe la pared.
  • Una pared única sigue siendo delgada. Cierra las fugas de costura y capas, pero para agua de forma fiable y durante horas, muchos rematan igualmente con un sellado por encima.

Cuando el laminado no basta: sellar por fuera

Si después de cerrar la pared la pieza sigue rezumando, o si su forma no se puede imprimir en modo florero, queda la otra mitad del asunto: el sellado externo. Un recubrimiento de resina epoxi, barniz o cera cierra la superficie desde fuera y tapa lo que el laminado no llegó a cerrar. No lo desarrollamos aquí porque tiene sus propias preguntas —qué sella, qué no, y cómo se raya con el uso—, todas resueltas en la sección de recubrimientos de la guía apta para alimentos.

Dos avisos rápidos para no meter la pata alrededor del sellado. Si vas a usar epoxi o barniz, sus sobras y botes no van a la basura de casa: revisa la gestión de residuos del taller. Y si la pieza va a vivir a la intemperie o en contacto largo con agua, la estanqueidad es solo la mitad del problema: el material también tiene que aguantar, y ahí el PLA es mala idea frente al PETG o el ASA. Elígelo con PLA vs ABS vs PETG y el repaso de tipos de filamento.

Preguntas frecuentes

¿Una pieza impresa en 3D puede quedar totalmente estanca solo con el laminado?

A veces sí, y muchas veces casi. Con varios perímetros bien soldados, la costura escondida y, mejor aún, el modo florero, cierras dos de las tres vías de fuga y una pieza puede aguantar agua durante bastante rato sin rezumar. Pero el FDM deja siempre microcanales, y la garantía de que no pase ni una gota, sostenida en el tiempo, no la da el laminado: la da un sellado externo aplicado encima. Para una maceta o un florero decorativo el laminado suele bastar; para algo que tiene que estar lleno todo el día, cuenta con sellar.

¿Sirve el modo florero para una maceta con agujero de drenaje?

Sí, con un matiz. El modo florero imprime una sola pared en espiral y un fondo sólido, así que es ideal para una maceta de una sola cámara. El agujero de drenaje puedes dejarlo diseñándolo en el fondo del modelo; lo que no admite es geometría interior, tapas, asas ni tabiques. Si tu maceta necesita un plato separado o un doble fondo, esa parte va aparte, en impresión normal. Para una maceta sencilla que deja escurrir el agua, el modo florero es justo lo que buscas.

¿Por qué gotea por arriba si el agua está en el fondo?

Porque el agua no busca el punto más bajo, busca el camino más fácil, y lo encuentra por capilaridad. Se cuela entre los cordones de la pared y asciende por los microcanales verticales que dejan las líneas mal soldadas y la costura, hasta reaparecer en cualquier punto, incluso por encima del nivel del líquido. El otro sospechoso es el techo: donde las últimas líneas se cierran suele quedar un pequeño poro, y por ahí exuda si la pieza está tumbada o rebosa.

¿Poner más relleno ayuda a que la pieza no gotee?

No, o casi nada. El agua se detiene en las paredes, no en el relleno: una vez cruza la pared exterior entra en el hueco interno y da igual cuánta rejilla haya dentro. Subir el relleno gasta filamento y tiempo sin cerrar la vía de fuga real. Lo que sella es la piel de la pieza, así que el esfuerzo va en añadir perímetros y en soldarlos bien, no en rellenar el interior. Esa es la lógica de por qué las paredes importan más que el relleno.

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